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La lección del buen médico

Physician taking pulse

El amor compasivo y la buena voluntad hacia otras personas a veces no obtienen reconocimiento; pero considero que eso no debe ser motivo de decepción. Es mi firme creencia que si uno continúa llevando a cabo acciones de misericordia y de buena voluntad, estas sin lugar a dudas retornarán finalmente a uno como buena fortuna…

En un sutra budista, hay un relato sobre un avezado médico, que en líneas generales cuenta lo siguiente:




En la India antigua, cuando el buda Shakyamuni predicaba en el Monasterio Jetavana, en Shravasti, estado de Kosala, el soberano del lugar contrajo una enfermedad. Ninguno de los doctores de Kosala pudo encontrar la cura. Un hábil médico oriundo de un estado remoto acudió a ver al rey y lo curó de su enfermedad. El monarca estaba rebosante de alegría y, para expresarle su gratitud al médico, envió a uno de sus súbditos hasta la tierra del doctor cargado de tesoros incalculables. También hizo que el emisario construyera un suntuoso palacio para su benefactor. Solo cuando el mensajero real estuvo de regreso, luego de preparar los campos, obtener elefantes, caballos, ganado, ovejas y sirvientes, y, además, instrumentos médicos para el doctor, el rey finalmente le permitió a este regresar a su hogar. Pero guardó el secreto de sus acciones y nada dijo al médico.

Este comenzó su viaje a casa con emociones encontradas, porque sus servicios no habían sido remunerados, aunque él había realizado su máximo esfuerzo para curar la enfermedad del rey con la mejor medicina y el más certero tratamiento. Cuando ya se aproximaba a su hogar, vio una gran cantidad de ganado vacuno y de ovejas, elefantes y caballos. Movido por la curiosidad, el médico preguntó a unas personas que pasaban por ahí: "¿A quién pertenecen esos animales domésticos?". Todos le respondieron: "¡Pues a ti!".

El doctor, profundamente perplejo, llegó a su casa, pero, para su gran sorpresa, en lugar de su vieja morada, se encontró con una enorme mansión en la que lucían gruesas alfombras, había vajilla de oro y plata, y bellos atuendos para su esposa. Completamente sorprendido, le preguntó a su mujer: "¡¿Pero qué es todo esto!?". A lo que ella respondió: "¿No lo sabes? Puesto que curaste al rey, él te ha recompensado con estas maravillosas posesiones, entre ellas, esta mansión". El médico se arrepintió profundamente por haber pensado con tanta ligereza y haber abrigado sentimientos negativos hacia un hombre de virtud tan grande.

Creo que podemos extraer una profunda lección de esta historia. Y es que la noción de recompensa no tiene lugar en las relaciones de afecto o cariño. Si el trato entre los seres humanos se basa en la idea de la recompensa, en el pensamiento de que uno ha hecho tanto por alguien que se merece que se le retribuya de igual modo, esa clase de relación es endeble. Y si la otra persona no corresponde de igual manera, el vínculo entre ambas se deteriorará. Desde luego, no hace falta señalar que es necesario observar ciertas normas o convenciones entre amigos y conocidos; sin embargo, me animo a decir que las más hermosas historias de amistad que se han conocido a través de los tiempos muestran claramente la nobleza del más puro altruismo.

Por supuesto, la relación entre marido y mujer, o entre padres e hijos no puede funcionar bien si se basa en el egoísmo. Requiere una absoluta confianza y amor recíprocos, tal como el vínculo que la madre establece con su bebé, que se alimenta de ella de manera natural y espontánea; la confianza y el afecto que se profesan se notan claramente en la manera en que ambos se miran. La madre que ora resueltamente para que su pequeño crezca sano no está esperando una retribución de su amor.

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