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La joya oculta en la túnica

diamond

En los escritos de Nichiren Daishonin, encontramos el siguiente pasaje: "Hasta un villano desalmado ama a su esposa y a sus hijos. Él, también, posee dentro de sí una parte del estado de bodhisattva". (NICHIREN: Los escritos de Nichiren Daishonin, Tokio, Soka Gakkai, 2008, 377.) Tal como lo declara el pasaje, cualquier persona, más allá de cuán mala sea, posee en las profundidades de su vida el espíritu inherente de afecto y de amor compasivo por los demás. Sin la confianza en ese potencial intrínseco, por más estrictamente que se aplique la ley, esta, en definitiva, será totalmente ineficaz…

Cualquier persona, incluso el más ruin de los villanos, posee el espíritu de bodhisattva de manera inherente y, más aun, el espíritu de un buda. Respecto de ese punto, el Sutra del loto cuenta la parábola de "La joya oculta en la túnica":

Hubo una vez un hombre que tenía por amigo a un rico servidor público. Un día, el hombre visitó a su amigo rico, quien lo atendió y le sirvió abundante comida y vino. Eso embriagó completamente al huésped, quien al cabo cayó profundamente dormido. El dueño de casa, tuvo que partir en un repentino viaje para atender asuntos urgentes. Pero quiso ofrecerle a su amigo una joya de valor incalculable, que tenía el poder de conceder cualquier deseo. Pero el hombre ebrio estaba profundamente dormido, y al anfitrión no le quedó otra alternativa que coser la gema al dobladillo de la túnica de su amigo. Al despertar, el hombre comprobó que su amigo rico se había ido y no se dio cuenta de que llevaba la joya cosida a la túnica. Al cabo de un tiempo, se hundió en la pobreza, comenzó a vagar de país en país y sufrió grandes adversidades. Muchos años después, reducido a un estado de profunda indigencia, se encontró nuevamente con su viejo amigo. Este, sorprendido por la condición del pobre hombre, le habló sobre la joya que le había regalado, y su amigo supo por primera vez que había poseído esa joya invaluable todo el tiempo.

Esta es una alegoría relatada por los discípulos del buda Shakyamuni, cuando reflexionaban sobre la ignorancia que se demuestra al olvidarse de desarrollar la suprema condición de vida de la Budeidad y conformarse con los estados inferiores de la vida.

Nadie tiene derecho a tomar una vida humana, que contiene la "joya" de la condición suprema…

Permítanme explayarme sobre la parábola de "La joya oculta en la túnica" con términos de la vida cotidiana. Tomemos, por ejemplo, la tendencia humana de encontrarle arbitrariamente defectos a todo. Los padres, al ver que sus hijos cometen pequeños errores, les gritan que son estúpidos e incorregibles. Incluso los adultos llegan a odiarse con vehemencia por trivialidades. Ayer eran buenos amigos o vecinos, y hoy, enemigos acérrimos… Cuando uno insulta al otro, este responde de igual modo. Ignorando completamente la existencia de la "joya suprema", siguen lanzándose palabras hirientes y haciéndose daño. Esos choques emocionales se producen con mucha más frecuencia de lo que se podría suponer.

No ser capaz de ver la "joya suprema" en otra persona significa que uno tampoco puede reconocerla en sí mismo. Creo firmemente, por ende, que todos debemos prestar suma atención a ese punto.

Los hijos y los vecinos de ustedes pueden, en cierto sentido, ser el espejo que los refleja tal como ustedes son. Muy a menudo, cuando acusan a alguien de algún error, pueden en verdad estar viendo una parte oscura de su vida y no, una imagen de la otra persona. En la obra Miyamoto Musashi, de Eiji Yoshikawa (1892-1962), Musashi, un famoso maestro de la espada, mientras contempla el monte Fuji, le dice a un niñito llamado Iori: "En lugar de luchar con impaciencia para llegar a ser como este o como aquel, hazte tan imperturbable como el monte Fuji. Si no intentas complacer a los demás y en cambio te vuelves digno de respeto por ti mismo, la gente reconocerá naturalmente tu verdadero valor".

Conozco a muchas personas de edad avanzada que transcurren una existencia de satisfacción y dignidad, disfrutando de un estado de vida tan elevado como el monte Fuji. Sus rostros, sin excepción, resplandecen como la "joya suprema", que han pulido luego de atravesar toda clase de adversidades en el curso de su vida.

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