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La parábola de la cítara

Hasht Behesht Palace santur

El buda Shakyamuni, reconocido por su amor compasivo, fue al parecer un hombre de una extraordinaria capacidad para el diálogo. Puesto que siempre mantenía conversaciones con los demás, de inmediato percibía el sufrimiento de las personas y con gran destreza las conducía hacia el estado de iluminación, a veces, mediante el empleo de metáforas fáciles de comprender, a veces, solamente por el ritmo que imprimía a sus palabras. En ocasiones, bastaba con su presencia para persuadir a los demás, sin que tuviera que pronunciar una palabra. Se dice que aun quienes despreciaban a Shakyamuni se ponían de pie ante él para saludarlo, pese a que habían resuelto de antemano que nunca lo harían. Un proverbio japonés expresa: "Los ojos hablan con la misma elocuencia que las palabras", pero, tratándose de Shakyamuni, su sola presencia era de igual manera elocuente. Eso se denomina justamente "predicar con la sola presencia". Creo que la sabiduría que emanaba de la profunda personalidad de Sakyamuni era algo que ni su palabra ni su actitud podían ocultar.

Según el texto budista Anguttara-nikaya, el buda Shakyamuni tenía un joven discípulo llamado Sona. Este provenía de una acaudalada familia y tenía un carácter alegre y despierto. Desde que había renunciado a la vida secular, se dedicaba a su práctica de manera mucho más asidua que nadie. Sin embargo, no lograba acercarse al estado de iluminación. A medida que pasaban los días, su melancolía cedió paso al desconcierto, que, a su vez, se convirtió en agonía. Al poco tiempo, estaba tan demacrado, que su apariencia era irreconocible. Fue en ese momento cuando el Buda lo visitó. Al tanto de que Sona era un excelente intérprete de la cítara, el Buda, con gran habilidad, empleó el instrumento como metáfora:

"Sona, no puedes producir un buen sonido con la cítara si ajustas demasiado las cuerdas, ¿verdad?"

"Eso es correcto, hombre de gran virtud."

"Y, por otro lado, no puedes extraer un buen sonido si aflojas demasiado las cuerdas, ¿no es cierto?"

"Lo que acabas de decir es exactamente así, hombre de gran virtud."

"Entonces, ¿qué es lo que harías?"

"Hombre de gran virtud, es vital afinar las cuerdas de manera apropiada, sin ajustarlas ni aflojarlas demasiado."

"Sona, debes darte cuenta de que la práctica del Camino que yo predico es exactamente lo mismo. Si eres demasiado asiduo en tu práctica, vas a forzar en exceso tu mente y serás presa de una gran tensión. Del mismo modo, si relajas demasiado tu mente, te dejarás ganar por la ociosidad. Debes, por lo tanto, establecer un equilibrio en tu práctica del Camino."

Este relato se conoce como "La parábola de la cítara". En él, Shakyamuni propugnó el Camino Medio (en japonés, chudo), para que las personas no se inclinaran hacia el hedonismo o hacia el ascetismo. No se estaba refiriendo de ninguna manera a un tipo de compromiso débil que rehuyera el dolor o el sufrimiento. Shakyamuni intentó, antes que nada, ayudar a las personas a establecer, en un nivel mucho más profundo, una mente estable como la tierra, imperturbable tanto en las alegrías como en los sufrimientos. Por lo tanto, podrán ustedes darse cuenta de que el tema está en verdad más cerca de nosotros de lo que podríamos imaginar. Muchas personas imaginan que el concepto del Camino Medio implica algo muy filosófico, pero Shakyamuni lo enseñó como la sabiduría que debemos aplicar en la vida cotidiana…

El Camino Medio significa ‘estar en concordancia con el Camino’. Es difícil explicar qué es "el Camino". La expresión no se refiere a algo fijo. Tal vez ustedes piensen que significa el curso que deben elegir entre las realidades de la vida, a medida que estas cambian día a día. Espero que no ajusten ni aflojen demasiado las cuerdas de su corazón, sino que las afinen para interpretar una armoniosa melodía de la vida.

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