Solo un sí

por Clayton Surratt, Estados Unidos

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Clayton Surratt

Después de mi graduación en la Escuela de Teatro de la Universidad De Paul de Chicago, mi novia de la universidad y yo nos mudamos a Nueva York. Ella se ocupaba de diseño de luces, y yo soñaba con trabajar como actor profesional de teatro. Llevaba cerca de cinco años practicando el budismo Nichiren y rápidamente me puse en contacto con los miembros locales de la Soka Gakkai. Cuatro meses después de nuestra llegada, estaba de gira con una compañía profesional.

Después de la gira, fundé una pequeña compañía con algunos compañeros actores, escritores y directores. Pero nuestro incipiente proyecto teatral no daba para pagar las facturas. Mi novia sufrió una recaída de su leucemia, y yo me convertí en su cuidador y empecé a trabajar como camarero para sobrevivir.

En aquel momento, recibí la visita de una maravillosa miembro de la SGI que estaba luchando en primera persona contra el cáncer. Me alentó a no rendirme jamás y oramos juntos para combatir ese oscuro período. Mi novia, sin embargo, al final falleció a causa de su enfermedad.

Los años posteriores a su muerte se llenaron de profundo dolor, pero para reconfortarme siempre tenía a mi familia Soka y las palabras de aliento del presidente Ikeda.

En uno de sus escritos, el presidente Ikeda dice: “Puedo apreciar profundamente cuánto dolor y tristeza debes sentir. Sin embargo, el budismo tiene el poder de transformar tu sufrimiento en felicidad, de cambiar las lágrimas que has derramado en brillantes joyas de buena fortuna. Los que han llorado más amargamente tienen el derecho de convertirse en las personas más felices de todas”.

Saliendo de mi zona de confort

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Sabía que tenía que echar profundas raíces en la fe si quería conseguirlo. Canté abundante Nam-myoho-renge-kyo para el éxito del guion y me esforcé en mi papel de responsable de hombres en mi zona.

Estudié cómo estructurar el guion y escribí un borrador tras otro para aprender el oficio. Empecé a ver señales de que estaba en el camino correcto, pero también sabía que necesitaba una gran, gran oportunidad. Necesitaba un agente de Hollywood. Necesitaba inmensa buena fortuna.

Lo siguiente que hice fue de lo más terrorífico que he hecho nunca: anuncié a mis compañeros de la Soka Gakkai que vendería un guion y que por lo tanto me convertiría en un guionista profesional. Ahora que lo había dicho delante de todo el mundo, ¡tenía que conseguirlo!

Esfuerzo determinado

¡Fue una batalla que duró al menos dos años! En ese tiempo, reflexioné sobre una de mis frases favoritas de Nichiren, acerca de la importancia de la persistencia: “El viaje de Kamakura a Kioto lleva doce días. Si usted viaja hasta el undécimo y se detiene cuando solo resta una jornada, ¿cómo podrá admirar la Luna sobre la capital?”

Mientras luchaba para reconocer mi valor, tenía que hacer un cambio interno y negarme a ser una víctima de mis circunstancias.

Cuando finalmente tenía un guion suficientemente bueno, empecé a enviar cartas a productores que encontraba en listados de productores y agentes de Hollywood, pidiéndoles que leyesen mi trabajo. Envié centenares de cartas y recibí centenares de rechazos. La mayoría de los productores se negaban incluso a mirar mi material porque nunca habían escuchado mi nombre. Pero no dejé que eso me detuviera o desalentara.

Muchas veces mientras oraba me surgía el pensamiento negativo de que mi sueño era imposible. Ideas como: “Soy demasiado mayor”, “No tengo bastante talento” y “No tengo contactos”. Esta fue la verdadera batalla. Mientras luchaba para reconocer mi valor, tenía que hacer un cambio interno y negarme a ser una víctima de mis circunstancias.

Un gran avance

Aunque estaba recibiendo centenares de noes y un rechazo tras otro, sabía que necesitaba tan solo un sí para seguir adelante. Seguí orando y perseverando, y finalmente ¡conseguí llamar la atención de un director literario que llegó a presentarme un agente y vendió mi guion!

De pronto formaba parte de ese mundo y había personas que querían reunirse conmigo. De repente estaba volando a Los Ángeles, yendo a reuniones de presentación con productores de alto nivel y me estaba relacionando con los máximos responsables de la industria.

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Hoy, varios años después de mi gran oportunidad de entrar en Hollywood, estoy felizmente casado con una mujer increíble y disfrutamos de inmensa buena fortuna económica. Ya no tengo trabajos de supervivencia y puedo dedicar planamente mi tiempo a mis proyectos de escritura creativa y a las actividades de la SGI, especialmente a alentar a los jóvenes de mi zona. Algunos han luchado contra la falta de hogares, el abuso de drogas y la violencia, y han conseguido transformar completamente su situación y así alentar a otros. Nada es comparable con la alegría que siento cuando veo a los jóvenes luchar contra sus circunstancias y vencer, reescribiendo así el guion de sus propias vidas.

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