El espíritu de servir a los demás

por Brandon Nicholson, Estados Unidos

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De niño, el hospital infantil de mi localidad era mi segundo hogar. Siendo un bebé contraje la primera de veintidós infecciones de oído por las que tendría que someterme a múltiples operaciones. Con dos años comencé a sufrir ataques epilépticos, tras vernos involucrados en un accidente de tráfico mi madre y yo. Durante siete años tomé medicación anticonvulsiva, algo de por sí difícil para un crío. En aquel tiempo, mis padres me alentaban continuamente a recitar Nam-myoho-renge-kyo, y a menudo compartían conmigo la orientación del presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, a nunca dejarme vencer por mis problemas de salud y siempre dar lo mejor de mí en la escuela. Al tener que enfrentar tantos desafíos físicos, desde tierna edad supe que el presidente Ikeda era alguien en quien podía confiar.

Pude percibir los efectos tangibles de mi oración cuando finalmente superé las infecciones de oído y otros obstáculos. Esta experiencia puso las bases que me permitirían enfrentar un desafío mayor aún con las crisis epilépticas.

Si asistía a una fiesta de cumpleaños o me quedaba a dormir en casa de mi primo, y me olvidaba de tomar la medicación, sufría otra crisis. Cuando mi cuerpo comenzó a mostrar síntomas de que ya no podía tolerar la medicación, los médicos recomendaron que dejara de tomarla o que controlara los ataques con una lobotomía.

El 14 de marzo de 1993 formé parte de un grupo de niños en edad de primaria que tuvo la oportunidad de saludar al Sr. y la Sra. Ikeda durante su visita al Centro Cultural de la SGI de Estados Unidos (SGI-USA) en San Francisco. Los escritos del Sr. Ikeda habían sido una fuente de inspiración y esperanza en mis innumerables luchas con la enfermedad y otras dificultades. Por eso, cuando me encontré con él por primera vez, sentí que me reencontraba con un viejo amigo. Mientras que muchas personas adultas menosprecian o ignoran a los niños, el Sr. Ikeda se inclinó profundamente en señal de reverencia ante cada uno y expresó lo feliz que estaba de encontrarse con nosotros. Hondamente inspirado por su visita y por la orientación que compartió en esa ocasión, redoblé mis esfuerzos para vencer la enfermedad mediante la oración.

artículo relacionado Enfermedad y el Camino Medio Enfermedad y el Camino Medio por  Meri Everitt,  Reino Unido Meri Everitt describe cómo la práctica budista le ha permitido mantener la esperanza y la convicción a pesar de la fibromialgia. A los nueve años comprendía ya la importancia de tener una determinación clara, por lo que comencé a orar cada mañana y cada tarde, mientras dibujaba una vívida imagen de la victoria en mi joven mente. En aquella época estaban muy de moda las tortugas ninja, así que cuando oraba me imaginaba avanzando por un pasillo esquivando cientos de ninjas que representaban mi enfermedad.

Casi al mismo tiempo, me empezaron a reducir la medicación, y al cabo de un mes dejé de tomarla definitivamente, sin sufrir ataques epilépticos. Al año siguiente ingresé en varios grupos juveniles de la SGI-USA y, en una etapa crucial de mi vida, forjé amistades para toda la vida. Asimismo, profundicé en el espíritu de trabajar por la felicidad de los demás. Desarrollé grandes sueños para el futuro que empezaron a tomar forma cuando comencé el instituto. Había asistido a escuelas públicas locales hasta que mis padres me matricularon en un instituto privado. Para asistir a clase, debía despertarme cada día a las cinco de la mañana, orar y tomar dos trenes, un autobús y luego caminar más de un kilómetro. Fue la primera vez que percibí la gran disparidad entre los recursos económicos de los estudiantes, a la que no encontraba ninguna justificación. Este fue el punto de partida de mi deseo de mejorar la vida de los demás mediante la educación.

Determiné convertirme en una persona que pudiese trabajar en bien de la justicia social y me propuse asistir a una universidad que me permitiese contribuir a crear una sociedad justa y pacífica.

artículo relacionado Descubriendo la mejor familia possible Descubriendo la mejor familia possible por  Donna Snyder,  Estados Unidos Donna Snyder relata cómo su práctica budista posibilitó que superara una historia de separaciones familiares, creando un hogar feliz propio. La siguiente orientación del Sr. Ikeda se convirtió en mi guía: "La orgullosa misión de los que han recibido una educación debe ser la de servir, de maneras visibles e invisibles, la vida de aquellos que no han tenido esta oportunidad".

En 2001, me aceptaron en la Universidad de Princeton y, gracias a diversas becas y ayudas, mis estudios universitarios fueron subvencionados en su totalidad durante cuatro años. A pesar de que el entorno académico entrañaba un desafío, no era tan abrumador como la enfermedad que había enfrentado de niño.

Después de obtener una titulación en Políticas Públicas de la Escuela Woodrow Wilson de Asuntos Públicos e Internacionales, me aceptaron en el programa de doctorado en Políticas de Educación de la Universidad de California en Berkeley, donde obtuve un máster y un doctorado en 2010. De nuevo, recibí una beca completa para mis estudios.

artículo relacionado Mamá, tú eres el Sol de mi vida Mamá, tú eres el Sol de mi vida por  Eiko Usubuchi,  Japón Eiko Usubuchi brinda asesoramiento y entrenamiento para discapacitados físicos en el Japón. Ella superó la miopatía a través de la práctica del budismo. En la actualidad ejerzo de sociólogo en una consultoría en investigación y análisis, que lleva a cabo investigaciones para diversas organizaciones, incluidas instituciones gubernamentales, fundaciones y organizaciones sin ánimo de lucro. Y lo que es más importante, he recuperado mi salud al cien por cien y disfruto de una vida estupenda junto a mi esposa.

En retrospectiva, no sería la persona que soy en la actualidad sin el amor y el aliento de mis padres. Siento un profundo agradecimiento hacia ellos e intento no perder de vista todo lo que han hecho por mí.

Han pasado veinte años desde que me encontré con mi maestro, el Sr. Ikeda, ese 14 de marzo de 1993. Sin embargo, mirando hacia atrás, ese encuentro no fue ni de lejos tan importante como todo lo que he aprendido de su aliento y orientación a lo largo de todos estos años.

[Adaptado desde World Tribune de la SGI-USA, edición del 8 de marzo de 2013; fotografías por cortesía de Kingmond Young]

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