Labor humanitaria

Volver a la listaMar 19, 2012

Japón: Activos agentes de la reconstrucción

A continuación, se presentan algunos ejemplos de la forma en que los miembros de la Soka Gakkai de las áreas afectadas por el Gran Terremoto del Japón Oriental (11 de marzo de 2011) están trabajando activamente por la reconstrucción de sus comunidades.

Takashi Fujikura (Kamaishi, Iwate)

Takashi Fujikura, bombero voluntario
Takashi Fujikura, bombero voluntario

Takashi Fujikura es miembro de la Soka Gakkai de Kamaishi, prefectura de Iwate, y del Cuerpo de Bomberos de Matsubara. Él se encontraba en el astillero, en el que llevaba trabajando treinta años, cuando el terremoto azotó su ciudad y empezó a sacudirse intensamente una grúa de las instalaciones. Alarmado ante la inminente llegada de un maremoto, el señor Fujikura se trasladó inmediatamente a la bahía para cerrar las compuertas de contención de olas. Cuando concluyó y levantó la mirada, vio como el tsunami empezaba a arrasar casas y vehículos. Rápidamente, alertó a la gente para que huyese gritando a toda voz "¡Más arriba!". El señor Fujikura logró refugiarse en un lugar alto con otras personas. Desde donde estaban, aún jadeantes, vieron como ya todo estaba inundado, y había gente sobre tejados y en automóviles. Tan pronto como pudo, el señor Fujikura descendió a la arrasada ciudad para salvar a los sobrevivientes en medio de los escombros; tumbó puertas, rescató a ancianos de sus casas y cargó a los damnificados sobre sus hombros.

A partir del día siguiente, Takashi Fujikura participó en la búsqueda de los desaparecidos como integrante de la brigada de bomberos voluntarios. El trabajo asignado a los bomberos era el traslado de cuerpos, y el señor Fujikura, que conocía a mucha gente de la comunidad de Matsubara, ayudó en el reconocimiento de los fallecidos. Dicha tarea se hizo difícil con el paso de los días pero, orando Nam-myoho-renge-kyo en sus adentros, logró identificar a una docena de personas. No pudo contener las lágrimas cuando halló a un joven compañero del cuerpo de bomberos que había estado con él aquel día en las compuertas de contención, y se dijo a sí mismo, "Viviré esforzándome al máximo, por él".

El astillero en el que trabajaba el señor Fujikura quedó totalmente destruido por la catástrofe, y la plantilla completa perdió su empleo. A pesar de la severa situación, no perdió las esperanzas y oró seriamente con los miembros de la Soka Gakkai que había acogido en su casa tras el desastre. Poco después, el astillero le propuso que volviese a trabajar en la reparación de las cuantiosas naves que habían sido dañadas en el siniestro. El señor Fujikura era uno de los dos únicos empleados con licencia de operario de grúas.

En los períodos posteriores al desastre sísmico, el señor Fujikura ha sufrido dolores de espalda y pierna que le han dificultado caminar –e incluso fue materia de una hospitalización— y también ha sufrido de pesadillas causadas por el imborrable recuerdo de los inenarrables acontecimientos que vivió tras el terremoto. Pero el señor Fujikura está decidido a luchar para no retrasar la reconstrucción de su pueblo, para que sus vecinos puedan volver a su ciudad y para retribuir el apoyo que le brindaron los miembros de la Soka Gakkai. Actualmente, todos los días, al concluir su jornada laboral, se dedica a patrullar su vecindario para velar por la seguridad de la ciudadanía. Matsubara aun sigue en ruinas y resta un largo trecho por la reconstrucción, pero el señor Fujikura dice: "Tenemos que hacer lo que podamos, por el bien de todos".

Natsumi Sato (Watari, Miyagi)

Natsumi Sato, locutora de radio
Natsumi Sato, locutora de radio

Natsumi Sato se desempeña como una de las coordinadoras de la División Juvenil Femenina de la Soka Gakkai de Watari, en la prefectura de Miyagi. El terremoto ocurrió poco después de que había vuelto a Watari, su ciudad natal, luego de haber residido en Tokio.

Tras la catástrofe, la señorita Sato se dedicó a la distribución y al abastecimiento de comida a los damnificados de los refugios de su municipio. A fines de marzo de 2011, le ofrecieron el trabajo de locutora y pinchadiscos del programa radial "Aozora FM", que empezó a difundir temas relacionados a la catástrofe después del 11 de marzo, brindando información sobre los puntos de distribución de comida y otros datos relevantes para las víctimas.

La repercusión de los radioescuchas fue muy variada. Se recibieron comentarios de agradecimiento y de lamento. Algunos oyentes se quejaron: "Basta de historias alentadoras", "Suficiente con las historias tristes"… Natsumi Sato trató de tener cuidado con las expresiones que utilizaba durante las emisiones y se esmeró en preparar un contenido sensibilizado con la situación de su público. Por ejemplo, evitó leer las palabras "mar" u "océano" de los guiones, y fue muy cuidadosa para que las canciones no incluyesen sonidos o palabras que hicieran alusión al mar o a despedidas.

Un mes después de la catástrofe telúrica, Natsumi Sato sostenía una lista de fallecidos y desaparecidos, que superaban las trescientas personas, que debía leer durante el programa. Estremecida, quiso escapar, pero contuvo sus emociones y aunó coraje para cumplir con su papel. Mientras leía los nombres página tras página, encontró los de un niño que conocía, de un niño a cuyos padres había entrevistado, y de muchos amigos personales. Se le dificultó la lectura por las lágrimas. No pudo evitar que su voz se tornara temblorosa y angustiosa. Se sintió tan incompetente que esa noche no pudo dormir y lloró desconsoladamente. A la mañana siguiente, el programa recibió una llamada de un oyente que había perdido a miembros de su familia. Estaba agradecido por la forma en que la señorita Saito había leído la lista, ya que hubiese sido más desgarrador aún si lo hubiese hecho sin emociones. A través de esa experiencia, Natsumi Saito sintió que había podido ser útil a los damnificados y juró seguir infundiendo aliento a través de la radio.

Hoy también "Aozora FM" se dedica a emitir un contenido que transmite esperanza y optimismo, y sus oyentes se han incrementado. Consciente de que todavía persiste el sufrimiento de los damnificados, Natsumi Sato dice: "Jamás me atrevería a decir que comprendo cómo se siente alguien que ha perdido a un familiar o que ha perdido lo que más atesoraba. Pero quiero hacer todo lo posible para comprender y acercarme a los que sufren". Añade además, que cuando está ante el micrófono, piensa en los rostros de sus oyentes, para que su voz les brinde aliento para reconstruir sus vidas.

[Fuente informativa y fotográfica: Seikyo Shimbun, diario de la Soka Gakkai del Japón.]