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Mi Gosho Favorito

"En una época como esta, sólo podrá serles de ayuda el deseo insaciable de hallar el Camino. Es posible odiar este mundo, pero no escapar de él."

Carta a los hermanos

Melanie Merians, Estados Unidos

Cuando era adolescente, invadida por la oscuridad interior, busqué refugio en la literatura, la poesía, el cine y el teatro, y viví un mundo ficticio con una vida social estrecha. Después de egresar de la universidad a temprana edad, recorrí y trabajé en muchos países del mundo, creyendo que al escapar de mi vida encontraría la felicidad.

En mis periplos por Perú, escalé Machu Picchu. Cuando llegué a la cúspide, las nubes se abrieron entre los picos de los Andes y los rayos del sol acariciaron las soberbias ruinas incas. “Qué hermoso es todo esto”, pensé. “Pero me siento igual que en un túnel subterráneo de Nueva York. Todavía me siento infeliz…” Comprendí que sin importar a dónde viajara o qué idioma hablara, no podría escapar de mí misma. Decidí regresar y enfrentarme a mí misma.


Poco después de volver a Nueva York, conocí el budismo de Nichiren. Por supuesto, yo era desconfiada, cínica e insociable, así que no participé de una reunión inmediatamente. De hecho, pasaron años para que yo estuviera en una actividad “organizativa”. A pesar de haber actuado como una anacoreta y entonar secretamente el Nam-myoho-renge-kyo percibí que estaba sintiendo optimismo, así que di un gran salto y empecé a participar de las reuniones de la SGI.

Huí nuevamente cuando me sentí desdichada en el trato con los demás. Pero esta vez, me refugié en los escritos de Nichiren Daishonin. Imagínense la tremenda sacudida que me causó el fragmento que dice: “Es posible odiar este mundo, pero no escapar de él”. Yo pensaba que en toda religión había algo de evasión,  y que lo mismo sería con el budismo. Sin embargo, al practicar el budismo comprendí que al evadir los problemas, éstos no se evitan, sino que se postergan. Continúo practicando el budismo por veintiocho años y me siento realmente feliz de ser como soy: una Bodhisattva de la Tierra, llena de vitalidad y satisfacción que comparte la filosofía budista y defiende la extraordinaria red de felicidad que es la SGI.

[Cortesía del periódico de la SGI de los Estados Unidos, World Tribune, número de mayo, 2008.]

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