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Mi Gosho Favorito

"Los que creen en el Sutra del loto parecen vivir en invierno, pero el invierno siempre se convierte en primavera. Ni una sola vez, desde la Antigüedad, alguien ha visto u oído que el invierno se convierta en otoño. Tampoco hemos sabido de ningún creyente en el Sutra del loto que continúe siendo una persona común."

El invierno siempre se convierte en primavera

Donna Snyder, Estados Unidos

La convicción de Nichiren, de que la entonación de Nam-myoho-renge-kyo nos permite transformar el karma de nuestra familia, remontándose a siete generaciones pasadas y siete futuras, siempre fue un gran aliento para mí. Crecí en una familia que parecía estar siempre en pleno "invierno". Mi padre nos abandonó cuando yo era pequeña. Mi madre, aunque se esforzó, nunca pudo superar dicha pérdida y se suicidó.

A lo largo de los años, he venido orando por mi padre, a pesar de que no tenía conocimiento de que estaba vivo o muerto. En 1991, durante un viaje a Japón, unas cuantas jóvenes compañeras de la SGI, mi hermana y yo tuvimos la oportunidad de encontrarnos con el presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, ocasión en la cual nos alentó cálidamente "Por favor, no hagan preocupar a sus padres". Sus palabras me estremecieron.

Mientras oraba para comprender dichas palabras, empecé a sentir que en algún ínfimo rincón de su vida, tal vez, mi padre estaba preocupado por nosotros. De esta manera, decidí encontrarlo. Mi oración adquirió todo un nuevo significado y profundidad. No se trataba meramente de mi padre, sino que era algo que tenía que hacer por mi propia vida.

Luego de algunos acontecimientos sorprendentes, pude dar con él en cuestión de algunos meses. Viví cerca, en New Jersey, y estaba muy enfermo. Un día antes de visitarlo, envié flores a su casa con una tarjeta en la que decía "el invierno siempre se convierte en primavera". Rumbo a su casa, oré durante todo el camino, invadida de un torrente de emociones. Creo que mi padre pensó que yo le reprocharía todo lo que ocurrió en el pasado. Cuando lo tuve enfrente de mí, le dije que no había ido para hablar del pasado, sino del futuro. Le conté a mi padre sobre lo extraordinario que habían sido nuestras vidas y lo maravilloso que es el budismo; le dije que no tenía nada de que preocuparse. Una semana después, él falleció.

Mi gratitud por el señor Ikeda será eterna. Su aliento me permitió auscultar mi corazón y actuar. Gracias a ello, pude comprender que puedo transformar hasta el más severo y sombrío invierno en una resplandeciente primavera.

[Cortesía del periódico World Tribune, noviembre 2007.]

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