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Tres venenos

Tres venenos

La cuestión de cómo enfrentar el sufrimiento es una de las razones principales por las cuales surgió el budismo. Dicho de otro modo, el punto de partida de la filosofía budista es la búsqueda del esclarecimiento de las causas del sufrimiento, la infelicidad y la miseria. La visión budista insta a la persona a luchar para salir adelante en la vida y en la sociedad con la luz de la sabiduría, en lugar de buscar la forma de evadir o escapar de los desafíos y las contradicciones que presenta la vida. Nichiren señala: "Se llama buda al que ha tomado conciencia de la naturaleza del bien y del mal, desde la raíz hasta las ramas y hojas". (NICHIREN: Los escritos de Nichiren Daishonin, Tokio, Soka Gakkai, 2008, pág. 1167.)

De acuerdo al budismo, existen tres tipos de impulsos destructivos que constituyen la causa fundamental de todo sufrimiento: la codicia, el odio y la estupidez. Estos tres elementos son denominados los "tres venenos". Los tres venenos son la esencia de todas las ilusiones y causas negativas que impiden la realización de nuestro potencial para lograr una vida feliz y creativa.

La estupidez engendra codicia y odio. En el budismo, "estupidez" se refiere a la ignorancia (pasiva o consciente) de la verdadera naturaleza de la vida. Se refiere al ofuscamiento del entendimiento de la realidad sobre la estrecha conexión del individuo con su entorno, de la interdependencia entre todos los seres y de la unidad entre el sujeto con la vida cósmica y todos los entes vivientes del universo. En otras palabras, se trata de la condición en que la persona está privada de la visión de que cada uno es un componente de la vida misma, que posee infinitas posibilidades. En relación a ello, la incomprensión de la verdadera naturaleza de la vida y la propia iluminación latente es denominada en el budismo "oscuridad fundamental".

Cuando el ser humano está atado a este tipo de ignorancia, tiende a buscar su realización en la posesión material, la reputación, el poder, etcétera. La codicia se torna la búsqueda impulsiva, descontrolada y frustrante centrada en la satisfacción de los deseos propios, incluso a costa de la felicidad ajena.

El odio se refiere a los impulsos violentos que emergen del egoísmo, en los cuales están incluidos las explosiones de ira, el resentimiento, la envidia y todos aquellos sentimientos insidiosos que llevan a las personas a la autodestrucción.

En el nivel individual, los tres venenos socavan la felicidad, dificultan el mantenimiento de relaciones interpersonales positivas y obstaculizan el desarrollo de la creatividad. En el plano social, se convierten, por ejemplo, en los causantes del conflicto, la opresión, la destrucción ambiental y la desigualdad. En Palabras y frases del Sutra del loto de T'ient-t'ai se lee: "Como la furia cobra intensidad, se producen enfrentamientos armados. Como la codicia cobra intensidad, surge el hambre. Como la estupidez cobra intensidad, estallan pestes. Y como se producen estas tres calamidades, los deseos mundanos se tornan más numerosos y potentes que nunca, y las ideas equivocadas proliferan cada vez más". (NICHIREN: Gosho zenshu, pág. 718)

Desde la perspectiva del budismo expuesto por Nichiren, los tres venenos son un aspecto inherente de la vida y no pueden ser erradicados completamente. Por lo tanto, el budismo propone un proceso de transformación constante de la energía de tales impulsos en la de la creación de valor; el esfuerzo continuo de cambiar las tendencias de nuestra vida en dirección del respeto hacia los demás, de contribuir al beneficio de la sociedad, por ejemplo, es lo que permite transcender los tres venenos. En dicho proceso, la energía destructiva de la ira puede ser transformada en un sentimiento que nos permita luchar contra la injusticia o contra agentes externos que pretendan sacar ventaja de las personas con intenciones negativas.

Por tanto, la consolidación de la paz y la seguridad de la humanidad dependen de la transformación interna de las personas. En la Constitución de la UNESCO rezan las siguientes palabras: "Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz". El sentido de responsabilidad de buscar permanentemente el desarrollo del potencial creativo es crucial en el fortalecimiento de las personas y en el cambio del género humano.

[Nota: Adaptación de un artículo publicado en la revista SGI Quarterly, octubre 2005.]

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