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Shakubuku: Revelación del verdadero potencial


shakubuku[Imagezoo/Getty Images]

El propósito y objetivo del budismo es el logro de la felicidad de las personas. La vida interior de cada uno de nosotros está plena de posibilidades inexploradas, de profundas reservas espirituales de sabiduría, coraje, energía y creatividad. Lo bello y maravilloso de cada ser humano es que podemos dar forma y expresión a ese potencial en una variedad infinita de maneras, de acuerdo con las particularidades de nuestro carácter, cultura, personalidad y pasión. El objeto del budismo es hacer que las personas adquieran conciencia de ese potencial ilimitado dentro de su vida y puedan hacerlo surgir. El budismo refuta el sentimiento de impotencia que podemos llegar a experimentar ante el sufrimiento y los desafíos constantes de la existencia. Por el contrario, nos permite aprovechar nuestros recursos internos para transformar cualquier sufrimiento y hallar plenitud y sentido de propósito dentro de nosotros mismos.

En la vasta tradición del budismo, el Sutra del loto es la enseñanza que define con mayor claridad este profundo potencial y la que establece que este existe por igual en la vida de todo individuo. Enfatiza que el propósito de las enseñanzas budistas es permitir que todos los seres humanos se conecten con dicho potencial en el aquí y el ahora. El Sutra del loto es notable también por su "enseñanza del vehículo único", que todo lo abarca y expresa la verdad última del budismo: que todas las personas pueden manifestar la Budeidad y tienen el derecho a ser felices.

Los textos budistas definen dos métodos básicos de exponer esa verdad. El primero, denominado shoju en japonés, implica compartir esa concepción de la vida sin desafiar directamente las creencias de las demás personas. El segundo, shakubuku, es una expresión más enérgica de la verdad y un reto a las creencias que rebajan la vida humana.

El shakubuku es una práctica para los demás, un ejercicio concreto de amor compasivo y de fe en la naturaleza de Buda. Es un acto que expresa el más elevado respeto por las personas, una acción que requiere la valentía de hablar en profundidad acerca de las enseñanzas del budismo. Tal vez practicar para uno mismo parezca una opción más cómoda, pero no es ese el auténtico camino hacia la iluminación.

Durante el siglo XIII, unos mil quinientos años después de la muerte de Shakyamuni, fundador del budismo, esta doctrina se había establecido firmemente en Japón, pero se había dividido en numerosas escuelas que contendían unas con otras en su afán de demostrar que representaban la verdadera enseñanza de Shakyamuni. Algunas habían llegado incluso a asociarse a las estructuras de poder corruptas y opresivas que imperaban por entonces. Fue en ese contexto en que vivió Nichiren (1222-1282), fundador del budismo que practican los miembros de la SGI. Después de estudiar extensamente las diversas enseñanzas budistas, Nichiren comenzó a refutar vigorosamente las doctrinas que consideró se apartaban de las enseñanzas positivas, que afirmaban la santidad de la vida del Sutra del loto. Nichiren prosiguió su labor, pese a las severas persecuciones a que lo sometieron las autoridades, basado en su convicción de que las filosofías distorsionadas que alentaban la pasividad y la impotencia eran las principales causas de sufrimiento y de discordia social.

Algunas interpretaciones de los esfuerzos apasionados realizados por Nichiren a veces han oscurecido el hecho de que el shakubuku es en primer lugar y antes que nada, un diálogo abierto. Nichiren siempre mantuvo su compromiso con el diálogo y declaró: "[M]ientras personas de sabiduría no demuestren que mis enseñanzas son falsas, jamás claudicaré". (NICHIREN: Los escritos de Nichiren Daishonin, Tokio, Soka Gakkai, 2008, pág. 297.) Sus oponentes no quisieron correr el riesgo de debatir con él y, en vez de ello, se confabularon para perseguirlo.

El Sutra del loto brinda un modelo de shakubuku en la persona del bodhisattva Jamás Despreciar, quien se inclinaba ante todo aquel con quien se encontraba, diciéndole que lo reverenciaba profundamente, porque poseía la naturaleza de Buda. Sus acciones, sin embargo, al comienzo solo fueron motivo de burla y de agresión. Dirigiéndose directamente a la naturaleza de Buda de los demás, lo que el bodhisattva Jamás Despreciar estaba refutando esencialmente era la visión limitada que las personas que encontraba tenían de sí mismas.

Tenemos la tendencia a poner límites a lo que creemos que somos capaces de hacer y a lo que podemos esperar de la vida. En cierto sentido, esos muros son las medidas con las que nos definimos a nosotros mismos. Podemos fácilmente quedar constreñidos por la visión estrecha que tenemos de nuestro yo y del mundo, y puede tornarse dificultoso e incluso amenazador cuando ese sentido limitado de nuestro yo se ve puesto a prueba. El budismo desafía constantemente nuestra idea de quiénes somos.

El espíritu de shakubuku, sin embargo, nunca implica la preocupación superficial y argumentativa de probar que la visión de uno es superior a la de otros. Es el espíritu de constante amor compasivo que permite que otra persona crea en el inmenso e inexplorado potencial de su propia vida.

[Nota: Adaptación de un artículo publicado en la revista SGI Quarterly, abril 2011.]

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