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Nam-myoho-renge-kyo

Nam-myoho-renge-kyo

La recitación del Nam-myoho-renge-kyo es uno de los elementos principales de la práctica religiosa de la SGI, debido a que Nichiren (1222-1282) señaló que su entonación es el camino directo hacia el logro de la Budeidad. Nichiren explicó que el principio que rige las funciones de la vida en el universo, es la Ley Mística, a la cual denominó Nam-myoho-renge-kyo. Por ello, destacó: "El alma de Nichiren no es otra cosa que Nam-myoho-renge-kyo". (NICHIREN: Los escritos de Nichiren Daishonin, Tokio, Soka Gakkai, 2008, pág. 433.)

El presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, afirma: "Entonar Nam-myoho- renge-kyo es fusionarnos con la Ley Mística. Es una práctica budista que integra nuestra vida con la Ley Mística. Y a la vez, es una batalla para vencer la oscuridad innata que nos impide experimentar esa fusión. Cuando, mediante la fe, derrotamos la oscuridad de la ilusión y de la ignorancia, y vivimos en inseparabilidad con la Ley Mística, el infinito poder de dicha gran Ley se despliega en nuestra propia vida. Este es el beneficio inimaginable de hacer Nam-myoho-renge-kyo. Entonar Nam-myoho-renge-kyo con espíritu de búsqueda en la fe es la esencia de la práctica de recitación establecida y propagada por Nichiren. 'Lo importante es el corazón', nos asegura. Por lo tanto, con respecto a la práctica del daimoku, lo fundamental es hacer surgir una fe valiente para vencer la ilusión, sin dejarnos vencer por los tres obstáculos y los cuatro demonios". (IKEDA, Daisaku: Conferencias sobre "El logro de la Budeidad en esta existencia", Daibyakurenge, Tokio, marzo 2006.)

La voz

En general, las personas asocian la práctica budista con la meditación silenciosa y reflexiva. Sin embargo, Nichiren enfatizó: "La voz realiza la tarea del Buda". (Registro de las enseñanzas transmitidas oralmente, trad. por Burton Watson, Tokio, Soka Gakkai, 2004, pág. 4.) Por ello, Nichiren puso énfasis en la recitación y la entonación del rezo, es decir la articulación sonorizada del voto religioso, como postura esencial, en lugar de la meditación silenciosa. Asimismo, se centró en hacer emerger el potencial más elevado del ser humano en beneficio de la humanidad, en lugar de limitarse a la mera exploración del alma o la abstracción espiritual.

El ser humano usa su voz para expresar y transmitir su estado de vida interior, ya sea de alegría, gratitud, desesperanza o determinación. Es posible que el acto de "orar" haya surgido de la súplica, el llanto o la manifestación de agradecimiento, expresiones prácticamente instintivas que se dirigían a las inescrutables fuerzas de la naturaleza. De la misma manera, a través del uso de la voz, el ser humano ha dado expresión esencial a sus sentimientos y a su deseo de armonizar con todas las formas de vida. La voz es esencial para que el ser humano se conecte con su yo, con las demás personas y con el universo que vibra al ritmo de la vida y de la muerte.

Nichiren consideró que la esencia de las enseñanzas del budismo estaba contenida en el Sutra del loto, que exponía guías de un valor universal imperecedero y el principio de que todas las personas podían lograr la Budeidad, es decir, que todo ser humano era intrínsecamente un buda iluminado. Nichiren consideró que los cinco caracteres chinos del título del Sutra del loto, "myo", "ho", "ren", "ge", y "kyo", corporificaban la esencia de la enseñanza de la Ley Mística, gracias a la cual Shakyamuni y todos los budas habían logrado la iluminación. Así, cuando el 28 de abril de 1253, Nichiren estableció la práctica de entonar Nam-myoho-renge- kyo, proclamó que esta constituía un proceso a través del cual las personas podían hacer realidad la promesa de la iluminación universal. De ese modo, Nichiren instauró una forma de práctica que permitía a todas las personas lograr la Budeidad, más allá de su condición social o nivel de educación. La nueva doctrina atrajo a un gran número de personas que se reunieron en torno a Nichiren y se convirtieron en seguidores y practicantes de sus enseñanzas. Entre sus discípulos se contaban expertos en las enseñanzas y en la historia del budismo, como también campesinos con escasa instrucción, que no sabían leer ni escribir. Aun hoy, es sorprendente la enorme diversidad de practicantes del budismo de Nichiren.

La Ley Mística

Nichiren alentó a sus seguidores a que tuvieran fe en que la entonación de Nam-myoho-renge-kyo, que haría emerger en ellos la naturaleza de buda inherente, mediante la cual podían acendrar su sabiduría, coraje, convicción, vitalidad y amor compasivo, además de superar los desafíos de la vida diaria y establecer un estado de inamovible felicidad en este mundo.

Entonces, ¿qué significa Nam-myoho-renge-kyo? La frase puede traducirse literalmente como 'Yo me consagro al Sutra del loto de la Ley prodigiosa'. Nichiren explica el profundo significado de cada uno de los caracteres que componen esta expresión en varios de sus escritos, pues dejó los más diversos tratados, peticiones, registros de conferencias, y también, cartas dirigidas a sus creyentes.

"Nam" (variación fonética: namu) deriva del sánscrito y significa 'consagrar la vida'. El resto de la frase, myoho-renge-kyo, es la pronunciación en japonés de los caracteres chinos que conforman el título del Sutra del loto, cuya forma en sánscrito es Saddharma-pundarika-sutra ('Sutra del loto blanco de la ley prodigiosa').

Nichiren afirma que la frase completa fusiona elementos del sánscrito y del chino. Al incluir elementos de culturas y civilizaciones diversas en sus enseñanzas, pone de manifiesto la universalidad del budismo que él expuso.

"Myoho" corresponde a saddharma, y se puede traducir como 'ley mística o prodigiosa'. En una de sus cartas, Nichiren escribe: "Ahora bien, ¿qué significa myo? Es sencillamente la naturaleza misteriosa de nuestra vida, momento a momento, que la mente es incapaz de comprender, y las palabras no pueden expresar". (NICHIREN: The Writings of Nichiren Daishonin, Tokio, Soka Gakkai, 1999, vol. 1, pág. 4)

Además, Nichiren asevera que el ideograma "myo" posee tres significados: abrir, estar perfectamente dotado y revivir. "Ho" es el dharma o ley; juntos, los dos caracteres de myoho se refieren a la Ley Mística. El presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, expresó: "El gran poder de la Ley Mística […] lo abarca todo, extrae las posibilidades más positivas de cada situación, transforma todo hacia el bien, renueva e instila nueva vida a todas las experiencias".

Nichiren explica que myo representa la muerte, y ho, la vida, puesto que el budismo considera que la continuidad de la vida contiene esos dos aspectos: el activo y manifiesto y el latente e intangible. Dicha continuidad está compenetrada y determinada por la ley de la causalidad, o la causa y el efecto, que Nichiren relaciona con la flor del loto o renge, en japonés.

El loto da semillas cuando los pétalos de su flor se abren; eso simboliza el principio de la simultaneidad de causa y efecto. Según este principio, las causas creadas influyen en los aspectos más esenciales de la vida, debido a lo cual las personas experimentan los efectos de sus pensamientos, palabras y acciones. De acuerdo con la concepción budista, ello significa que la persona que practica la Ley Mística obtiene la causa y el efecto de la Budeidad simultáneamente. La característica de la flor del loto, pura y resplandeciente a pesar de las aguas fangosas en que crece, simboliza la naturaleza más elevada del ser humano, que se manifiesta cuando este lucha en la difícil y rigurosa realidad que imponen la vida cotidiana y la sociedad.

Finalmente, "kyo" significa 'sutra', es decir, las enseñanzas transmitidas por el Buda. Kyo se escribe con un ideograma chino que denota la urdimbre o fibras verticales de un telar. Nichiren escribe: "'Kyo' representa la palabra y la voz de todos los seres vivientes [...] También se puede definir como lo constante e inmutable de las tres existencias del pasado, el presente y el futuro".

Por otro lado, Nichiren relaciona los caracteres de Nam-myoho-renge-kyo con las partes del cuerpo humano: la cabeza, la garganta, el pecho, el vientre y las piernas, respectivamente. Eso indica que el principio místico o Ley que guía y gobierna el cosmos es inseparable de la realidad concreta de nuestra vida.

Cuando las personas entonan la Ley Mística y hacen emerger una condición de suprema elevación e iluminación, logran inspirar de manera natural a quienes las rodean e incentivan en los demás el deseo de cultivar una existencia más elevada, creativa y llena de misericordia. Esa relación positiva se acrecienta cuando las personas expresan su mutuo reconocimiento por la dignidad y el valor infinito de todo ser humano. Nichiren describe este proceso con la siguiente metáfora: "[C] uando canta un pájaro enjaulado, las aves que vuelan en el cielo sienten su llamado y se reúnen a su alrededor. Y cuando las aves lo rodean, el pájaro busca la libertad. Cuando entonamos la Ley Mística con nuestra voz, infaliblemente nuestra naturaleza de Buda siente el llamado y aflora". (NICHIREN: Los escritos de Nichiren Daishonin, Tokio, Soka Gakkai, 2008, pág. 929.)

[Nota: Adaptación de un artículo publicado en la revista SGI Quarterly, enero 2006.]

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