Volver a la lista

Fugacidad y vacío

Emptiness

El "vacío" o "vacuidad" (shunyata, en sánscrito, o ku, en japonés) es un concepto budista fundamental –que también ha sido expresado como no sustancialidad, latencia o relatividad—, según el cual las cosas y los fenómenos no tienen una naturaleza fija o independiente.

De acuerdo a los registros, el concepto de vació fue desarrollado por primera vez por Nagarjuna (150-250 d.C.), quien describió el concepto de las dos fases de existencia y no existencia como la expresión de la verdadera naturaleza de todos los fenómenos.

Según la ciencia moderna, los cuerpos físicos están formados de sustancias; y, las propiedades de la materia están determinadas por las sustancias y su interacción. La materia que tiene masa y ocupa espacio no puede ser definida con las propiedades comunes y corrientes de la física, debido a que las partículas subatómicas oscilan entre las fases de existencia y no existencia, adquiriendo forma de acuerdo a las probabilidades que se presentan. Lo que el concepto budista de vacío describe es precisamente este tipo de insustancialidad.

La idea budista del "vacío" se asocia con la noción del origen dependiente, que plantea que los fenómenos no tienen sustancia fija, debido a que surgen y mantienen su existencia en virtud de su relación con otros fenómenos. El concepto de vacío, por su parte, enseña que nada existe independientemente.

Asimismo, el concepto de "vacío" hace referencia al potencial inherente de la vida. Por ejemplo, cuando la persona es invadida por fuertes emociones, tales como la ira, su sentimiento afecta su cuerpo: su expresión, su voz, la tensión en su cuerpo, etcétera. Cuando la persona recupera su serenidad, la ira desaparece. ¿Qué pasa entonces con la ira? La ira sigue latente dentro del ser humano, pero no es palpable hasta que algo haga que resurja. Cuando una persona se mantiene serena, es como si la ira hubiese dejado de existir. Otro ejemplo son los recuerdos. El ser humano no se percata de que los tiene hasta que surgen ocasionalmente por alguna razón. Esto implica que tanto la ira como los recuerdos están en un estado de latencia o "vacío". Es decir, existen y a la vez no existen.

El hecho de la no sustancialidad nos permite comprender que, a pesar de las apariencias, nada es inalterable (las personas, las situaciones, las relaciones humanas, la vida propia, entre otras) y que todas las cosas están en un constante cambio dinámico y evolutivo. Todos los fenómenos tienen el potencial latente de manifestarse en cualquier momento. Por ello, hasta la situación más desesperanzadora tiene la posibilidad de ser revertida positivamente.

Por lo general, el ser humano tiende a darle sentido al mundo en que vive fijando ciertas ideas sobre las personas, las circunstancias que lo rodean o sobre sí mismo. Sin embargo, eso lo lleva a caer en la subjetividad y decir: "Esa no es una buena persona", "Estoy en una pésima relación humana" o "Nunca habrá paz en esta región". Al catalogar las cosas de cierta manera, imponemos limitaciones que cercenan las posibilidades de cualquier evolución beneficiosa de las circunstancias. Sin embargo, cuando somos conscientes del potencial infinito de las cosas, podemos dirigir controlar el pensamiento y la acción de una manera más constructiva y crear los condicionantes que permitan crear una realidad mejor.

Debido a la interdependencia de todos los fenómenos, cada persona, en cada instante, puede generar alguna influencia en la realidad misma de la vida. Incluso la forma de pensar puede tener un efecto en dicha realidad. Al estar consciente de la insustancialidad, el ser humano puede transformar su realidad en algo más positivo.

La Budeidad es el potencial de la verdadera naturaleza de la vida. Nichiren denominó esa realidad Nam-myoho-renge-kyo. Por ello, Nichiren instó a sus seguidores a entonar con convicción el Nam-myoho-renge-kyo para que cada uno pudiese hacer surgir el potencial latente del estado de Buda en su propia vida y en su entorno circundante.

[Nota: Adaptación de un artículo publicado en la revista SGI Quarterly, abril 2001.]

▲ Arriba