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Estado de ira

El presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, señala: “El budismo analiza el estado interior de la vida humana en términos de las siguientes diez categorías o ʻestadosʼ: Infierno, Hambre, Animalidad, Ira, Tranquilidad, Éxtasis, Aprendizaje, Comprensión Intuitiva, Bodhisattva e Iluminación. Juntos, estos estados constituyen un todo mutuamente inclusivo, denominado los Diez Estados inherentes a la vida. Es la sabiduría y la benevolencia del estado de Iluminación lo que hace surgir el aspecto más positivo de cada uno de los estados restantes. En las escrituras budistas, encontramos la siguiente afirmación: ʻla ira puede ser una función del bien o del malʼ, (Gosho zenshu, pág. 584) lo que significa que la ira justificada y correcta, la clase de furia que resulta esencial para combatir el mal, es el aspecto del estado de Ira que crea valor positivo. Por el contrario, debemos cuidarnos del tipo de ira desenfrenado y desligado de su valor intrínseco dentro de los Diez Estados. En este caso, el furor que se despierta es una fuerza vil y ciega que altera y destruye todo a su paso. Ese aspecto del estado de Ira es una condición en la que ʼ[los seres en dicho estado] desean en todo momento ser superiores a los demás y no pueden tolerar que otros los superen; lo que hacen es despreciar y subestimar a todos y exaltarse a sí mismosʼ. (Gosho zenshu, pág. 430.)

Anger

«Cuando estamos en estado de Ira, nos comparamos constantemente con los demás, corroídos por la envidia, y hacemos lo posible por aventajarlos. Eso provoca una distorsión que nos impide percibir el mundo de manera correcta; a causa de ello, naturalmente estallan los conflictos y nos lanzamos a la confrontación directa con los demás ante la menor provocación. Dominada por esa clase de saña, la gente es capaz de perpetrar los actos de violencia más atroces y hacer correr torrentes de sangre. (…) Esa visión distorsionada, que carcome el corazón, impide ver las cosas en su verdadero aspecto y elaborar juicios certeros. Todo es útil como medio o herramienta para satisfacer los deseos e impulsos egoístas. Y cuanto más grande es esa arrogancia extrema, más insignificante y despreciable parece el resto de lo que existe –pueblos, cultura, naturaleza—; al restarle importancia de tal modo la vida de los demás, el hecho de causarles daño o incluso la muerte se convierte en un asunto absolutamente trivial. (…) Las personas en esa condición están ciegas, no solo al sufrimiento horrible que provocan sus acciones, sino también al valor de la mismísima vida humana.

«Por el bien de la dignidad inherente a la vida, jamás debemos permitir que la deshumanización que provoca el estado de Ira embrutezca nuestro espíritu. (…) Para nosotros, los miembros de la SGI en especial, es vital tener presente que no solo nuestras actividades específicas por la paz y la cultura, sino también el movimiento por la ʻrevolución humanaʼ basado en el empeño diario de transformar nuestra vida desde lo más profundo...”.

[Los diez estados son también conocidos como los diez mundos o diez reinos. Asimismo, otras categorías con las que se conocen dichos estados son: el estado de infierno, el de las entidades hambrientas, el de los animales, el de los asuras, el de los seres humanos, el de los seres celestiales, el de los que escuchan la voz, el de los que toman conciencia de la causa, el de los bodhisattvas y el de los budas.]

[Nota: Extracto de la Propuesta de Paz escrita por Daisaku Ikeda, publicada en enero de 2007.]

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