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Simultaneidad de causa y efecto

©Masahiro Makino/Getty Images [©Masahiro Makino/Getty Images]

El budismo enseña que la ley de causa y efecto es inherente a todos los fenómenos. Los pensamientos, palabras y acciones positivos generan efectos positivos en la vida de las personas y conducen a la felicidad. Por el contrario, los pensamientos, palabras y acciones negativos, que de una u otra manera menoscaban la dignidad de la vida, son los que conducen a la infelicidad. Tal es, de manera general, el principio del karma.

En el budismo de Nichiren, el logro de la Budeidad está regido por un principio profundo de causalidad, revelado en el Sutra del loto. No se trata de un proceso gradual de transformación por el cual, en el transcurso de numerosas existencias, el ser humano común, lleno de fallas y de imperfecciones, va modificándose y transformándose para acumular causas positivas y evitar las negativas hasta llegar a un estado de perfección.

De acuerdo con la perspectiva del Sutra del loto, la ilusión y la iluminación –el ser humano común y el Buda– son dos aspectos igualmente inherentes a la vida, que es neutra en sí misma. Si bien la condición "defectuosa" de la humanidad puede ser la de la ilusión engañosa, la manifestación de la Budeidad no requiere un cambio fundamental en nuestra naturaleza. De hecho, la idea de que la Budeidad es algo que se encuentra de alguna manera alejado de nuestra realidad ordinaria es, en sí misma, una ilusión.

La concepción acerca de la iluminación se puede explicar mediante el principio de los Diez Estados. Este describe nuestra condición de vida interior en cada momento de la existencia, en términos de diez "estados", que van desde el de Infierno al de Budeidad, entre los que nos movemos de manera constante, según el modo en que dirigimos nuestra vida y respondemos a nuestro entorno. El Sutra del loto esclarece que la Budeidad y los otros nueve estados son posibilidades de vida inherentes que se manifiestan eternamente a cada instante, y que el estado de Budeidad surge a través de la fe y de la práctica.

La concepción de la Budeidad también se puede ejemplificar a través de la analogía de un juego de vídeo. La visión convencional del proceso de iluminación es como el personaje de un juego que va acumulando gradualmente diversos poderes y herramientas útiles, mientras va avanzando por los distintos niveles del entretenimiento. En cambio, en el concepto de iluminación del Sutra del loto, el personaje está dotado desde el comienzo de todos los poderes posibles y solo precisa un medio para liberarlos.

La práctica del budismo de Nichiren implica la manifestación del potencial de la Budeidad en el lugar y en el momento presentes. Entonar Nam-myoho-renge-kyo con fe en la propia Budeidad inherente es comparable a activar el "código" que libera ese potencial.

Al extraer la propia naturaleza iluminada, cuyas características son la valentía, la sabiduría, el amor compasivo y la fuerza vital, uno adquiere los elementos para enfrentar los problemas de la vida, transformar positivamente la realidad y manifestar plenamente la iluminación. Los problemas y desafíos que se nos presentan, en ese sentido, son un medio para demostrar la fuerza y la realidad de nuestra naturaleza iluminada, y para inspirar a los demás a emprender el mismo camino. El budismo implica vivir confiada y expansivamente en el aquí y ahora. El factor clave para ello es la fe en nuestra naturaleza iluminada.

Esta perspectiva revolucionaria de "lograr" la Budeidad se expresa mediante el concepto de simultaneidad de causa y efecto. Los nueve estados, que representan la causa, y el estado de la Budeidad, que representa el efecto, existen simultáneamente en nuestra vida. Ello está simbolizado por la planta del loto, cuya flor (que representa el ser humano común) y fruto (que representa la Budeidad) se dan al mismo tiempo.

Cuando tenemos absoluta convicción en nuestra naturaleza de Buda y en nuestra capacidad de transformar y superar toda clase de sufrimientos, los problemas se convierten en desafíos que aceptamos con beneplácito en lugar de eludirlos. Ese firme sentido de convicción y determinación ante las dificultades es, en sí mismo, una manifestación de nuestra naturaleza de Buda que, de acuerdo con el principio de simultaneidad de causa y efecto, nos asegura una vida de triunfos.

[Nota: Adaptación de un artículo publicado en la revista SGI Quarterly, abril 2013.]

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