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Bien y mal

Good and Evil

El bien y el mal son conceptos opuestos y excluyentes. Pero si un cruel criminal alberga amor por su familia, en conclusión, ¿es esta persona buena o mala? Es visto además que, sin mucho fundamento, la gente tiende, por ejemplo, a juzgar a otros como "buenos" cuando los apoyan y "malos" cuando no congenian con ellos.

Según el budismo, el bien y el mal son aspectos diferentes, pero naturales, propios e inseparables de la vida; de acuerdo a lo cual, no se puede catalogar a ningún individuo ni grupo de individuos meramente como "buenos" o "malos". Todo ser humano es capaz de actuar con suprema nobleza, así como también, con maldad. De acuerdo al budismo, el bien y el mal no son cualidades absolutas, sino relativas. Un acto puede ser malo o bueno según el impacto que cause, en uno como en otros, por lo que no puede ser medido por reglas de conducta abstractas. Podría decirse que un individuo obra mal cuando actúa con egoísmo, es incapaz de comprender las conexiones que entrelazan a las personas, alberga la intensión de lograr un beneficio propio a expensas del perjuicio de otros, o considera que la vida es algo desechable y no un fin preciado en sí. El bien, por el contrario, es lo que genera y enriquece las conexiones humanas, lo que recupera y restaura las relaciones de la sociedad humana.

En el contexto de la filosofía budista, el bien se relaciona directamente con la "naturaleza fundamental de la iluminación", condición que implica un estado de absoluta libertad y felicidad logrado a partir de la comprensión plena del yo; mientras tanto, el mal se relaciona directamente con la "oscuridad fundamental", condición que implica un estado de vida, ofuscado por lo ilusorio y alejado de la verdad, sumido en la incapacidad de ver el potencial que tienen las personas de lograr la iluminación, y que causa sufrimiento al sujeto y a su entorno. Una persona ofuscada por la oscuridad interna pierde las esperanzas y desprecia su vida como algo que no tiene sentido. La oscuridad fundamental de la vida es un condicionante que contribuye a alimentar el miedo y a generar divisiones.

Nichiren declara: "Se llama buda al que ha tomado plena conciencia de la naturaleza del bien y del mal, desde la raíz hasta las ramas y hojas". (NICHIREN: Los escritos de Nichiren Daishonin, Alemania, Soka Gakkai, 2008, pág. 1167.) Un buda es una persona que tiene el valor de reconocer que ambos aspectos están presentes en la vida. La condición de vida de la Budeidad permite aceptar el bien innato sin arrogancia en base a la comprensión de que todo ser humano por igual comparte y posee el mismo potencial de manifestar la naturaleza de buda. De la misma manera, la condición de Budeidad permite reconocer el mal que anida en uno mismo, sin despreciar el yo, en base a la comprensión de que todo ser humano posee la fortaleza de superar y enfrentarse a su propia negatividad. Al aplicar la filosofía budista en la vida, las personas, conscientes de la inseparabilidad del bien y del mal, se esfuerzan permanentemente en crear valor y transformar el mal en bien. Nichiren señala: "Oponerse al bien se llama mal; oponerse al mal se llama bien. Por lo tanto, ni el bien ni el mal existen fuera del corazón del hombre". (NICHIREN: Gosho zenshu, Tokio, Soka Gakkai, 1952, pág. 563.)

El presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, dice: "El bien y el mal no tiene sustancia, en sí mismos. En otras palabras, no son absolutos sino que reflejan distinciones relativas. Por lo tanto, es importante dirigir nuestro corazón y nuestras acciones todo el tiempo hacia el bien". (IKEDA, Daisaku: La sabiduría del Sutra del loto: Diálogo sobre la religión en el siglo XXI, cap. 19.) El budismo enseña que debemos vencer los impulsos negativos del odio y la destrucción, mediante el proceso de reconocer, confrontar y transformar la oscuridad fundamental, y ejercitar y fortalecer la función del bien en nuestras vidas.

[Nota: Adaptación de un artículo publicado en la revista SGI Quarterly, octubre 2002.]

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