Diez Estados

Según la definición del budismo, los Diez Estados (también, Diez Mundos o Diez Reinos) son los distintos estados o condiciones del ser humano que surgen de acuerdo a la interacción con el entorno y los individuos. Cada persona posee diez mundos latentes los cuales se manifiestan en diversas formas, desde una desesperación claustrofóbica, un odio infernal, una alegría infinita a una sabiduría esclarecedora.

Los Diez Mundos consisten en el estado de infierno, el de las entidades hambrientas, el de los animales, el de los asuras, el de los seres humanos, el de los seres celestiales, el de los que escuchan la voz, el de los que toman conciencia de la causa, el de los bodhisattvas y el de los budas. Nichiren enseña que al fortalecer la vida mediante la entonación del Nam-myoho-renge-kyo, la persona deja de estar a merced de las circunstancias que la rodean y puede desarrollar la capacidad de orientar su propia existencia para que ésta sea más positiva y significativa. Los individuos tienden a caer en las mismas condiciones de vida; por ello, cuando la persona recae en los estados más bajos, ello es causa de terrible sufrimiento para ella y para los demás. Cuando el ser humano eleva su condición vital –expresada en los Diez Mundos— éste podrá manifestar los aspectos más positivos en cada situación.

El mundo del bodhisattva es un estado de amor compasivo y misericordia, en el que la persona se consagra al bien y la felicidad del prójimo. La Budeidad es una condición de suprema realización, impregnada de perfecta libertad, sabiduría, vitalidad y valentía, de tal manera que hasta el desafío de los obstáculos se convierte en fuente de dicha.

Descripción de cada estado:

Infierno: Estado de sufrimiento y desesperación en el que la persona siente que no puede actuar libremente. Se caracteriza por el impulso de destruirse a sí mismo y a los demás.

Hambre: Estado en el que la persona está dominada por un apego insaciable al dinero, el poder y la jerarquía social. Los deseos son inherentes a todas las condiciones de los Diez Mundos; sin embargo, en el estado de las entidades hambrientas, el individuo está a merced de sus incontrolables ansias.

Animalidad: Estado en que la persona está subyugada por el instinto y pierde el sentido de la razón y la moral. Sin juicio, el individuo actúa de acuerdo a la ley de la selva y, no duda en tomar ventaja de los más débiles y en doblegarse ante los más fuertes.

Ira: Estado en que prima el egoísmo y la codicia, a tal grado que la persona busca estar siempre sobre los demás a toda costa y siente que los demás son una amenaza para ella. Debido a que en esta condición, lo más valioso es uno, se tiende a subestimar a las otras personas.

Humanidad (Tranquilidad): Estado neutro y pasivo, en que el individuo manifiesta fácilmente las condiciones de los “cuatro malos caminos”. A pesar de que la persona se comporta humanamente, ella es vulnerable a las influencias externas.

Éxtasis: Estado de alegría intensa, que se experimenta, por ejemplo, cuando se logra un deseo, cuando se goza de buena salud o de satisfacción espiritual. Se trata de una emoción intensa pero de corta duración que cambia fácilmente según las influencias externas.

Los seis estados de Infierno a Éxtasis son denominados los “seis caminos” o “seis malos caminos”. La felicidad o la satisfacción dependen totalmente de circunstancias ajenas y están sujetos al cambio. La felicidad y la identidad de un individuo que transmigra por los seis senderos dependen de factores externos.

Las dos siguientes condiciones vitales, Aprendizaje y Comprensión Intuitiva, surgen cuando la persona comprende que todo lo que experimenta en los seis caminos no es permanente, por lo que emprende la búsqueda de la verdad suprema. A diferencia de los seis caminos, que son reacciones pasivas ante lo que ocurre en el entorno, la experiencia de los siguientes cuatro estados requieren del esfuerzo.

Aprendizaje: Estado en el que el individuo busca la verdad a través del estudio de las enseñanzas y de la experiencia de los demás.

Comprensión Intuitiva: Estado en que la persona busca la verdad a través de su propia percepción del mundo.

Bodhisattva: Estado que experimentan quienes aspiran la iluminación y la felicidad de todos por igual, porque son conscientes de que todos los entes mantienen una estrecha relación entre sí, y de que la dicha propia no se completa sin el alivio del sufrimiento ajeno. El bodhisattva encuentra la satisfacción en la acción altruista.

Budeidad: Estado dinámico de perfecta libertad en que la persona despierta a la verdad suprema de la vida. Esta condición está llena de compasión e infinita sabiduría. En la Budeidad, la persona puede resolver armónicamente contradicciones irreparables en los otros nueve mundos. Un sutra describe que los atributos de la condición vital del Buda son el yo verdadero, la liberación total de las circunstancias del karma por toda la eternidad, el ideal puro y la felicidad absoluta.

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