Causa y efecto

El budismo enseña que todo en el cosmos está regido por la ley de causa y efecto.

La ciencia moderna utiliza, por ejemplo, un sistema para evaluar las cosas que pueden verse o ser medidas. Desde la perspectiva del budismo, la causalidad está relacionada con los aspectos espirituales de la vida que no pueden visualizarse, tales como las sensaciones y la experiencia de la felicidad, la miseria, la gentileza o la crueldad.

El karma consiste en las causas que se acumulan en el pasado y el presente; el karma demuestra las tendencias del comportamiento que el individuo tiende a repetir, tales como la reacción ante ciertas situaciones de la vida.

La doctrina budista está desligada de la resignación pasiva.

La práctica budista tiene como propósito transformar las tendencias básicas de la persona (karma) mediante la entonación del Nam-myoho-renge-kyo, de modo que el individuo puede desarrollar su potencial total en la existencia presente y posterior. Al orar Nam-myoho-renge-kyo, el ser humano logra palpar su consciencia más profunda y puede hacer surgir la naturaleza pura del Buda, que es libre de todos los impedimentos kármicos. Al lograr dicho estado, la persona adquiere una condición vital fortalecida lista para enfrentar su destino y cambiar su futuro.

El ser humano puede crear su propio presente y futuro según las elecciones que hace en cada instante. De acuerdo a esta concepción, la ley de causa y efecto es aquella que empodera al ser humano y le permite realizar acciones que contribuyan al establecimiento de un mundo mejor para él mismo y los demás.

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