Antología de frases de Nichiren


sunset

Sufra lo que tenga que sufrir; goce lo que tenga que gozar. Considere el sufrimiento y la alegría como hechos de la vida, y siga entonando Nam-myoho-renge-kyo, pase lo que pase. ¿No sería esto experimentar la alegría ilimitada de la Ley?

La felicidad en este mundo (Los escritos de Nichiren Daishonin, pág. 715.)

 

 

 

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reed

Los sabios merecen ese nombre porque no viven a merced de los ocho vientos: prosperidad, decadencia, deshonra, honor, alabanza, censura, sufrimiento y placer. No los exalta la prosperidad ni los aflige la decadencia. Las deidades celestiales sin falta protegerán a aquel que no se incline ante los ocho vientos.

Los ocho vientos(Los escritos de Nichiren Daishonin, pág. 834.)

 

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rice fields

De acuerdo con la situación personal de cada uno, hay quienes tienen cónyuges e hijos, parientes, tierras, oro y plata, mientras que otros carecen de toda riqueza. Pero, más allá de que uno tenga bienes o no, ningún tesoro puede superar el valor de la vida.

La ofrenda de arroz (Los escritos de Nichiren Daishonin, pág. 1171.)

 

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flower

La vida en este mundo es limitada. ¡Jamás, ni siquiera un instante, se deje vencer por el miedo!

La prueba del Sutra del loto (Los escritos de Nichiren Daishonin, pág. 1154.)

 

 

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land

La persona de sabiduría no es la que practica el budismo alejada de los asuntos mundanos, sino, antes bien, la que comprende cabalmente los principios con los que el mundo se gobierna.

El kalpa de disminución (Los escritos de Nichiren Daishonin, pág. 1167.)

 

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plant

Pero, de todos los tesoros, el mayor es la vida. Se dice que el valor de nuestro cuerpo y de nuestra existencia es superior, incluso, al de todas las riquezas de un gran sistema planetario. Ni siquiera los tesoros que colman el universo pueden remplazar la vida….

La ofrenda de arroz (Los escritos de Nichiren Daishonin, pág. 1171.)

 

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nelumbo nucifera

En primer lugar, está la cuestión de dónde quedan exactamente el infierno y la Budeidad. Con respecto a esto, un sutra señala que el infierno se encuentra bajo tierra, y otro afirma que el Buda reside en el oeste. Sin embargo, un examen más cuidadoso revela que ambos existen en nuestro cuerpo de un metro y medio de altura. Y esto ha de ser verdad, porque el infierno está en el corazón de la persona que, íntimamente, desprecia a su padre e ignora a su madre. Es como la semilla del loto, que contiene flor y fruto a la vez. Del mismo modo, el Buda habita en nuestro propio corazón.

Gosho de Año Nuevo (Los escritos de Nichiren Daishonin, pág. 1183.)

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