Estado de ira

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Anger[© Imagezoo/Getty Images]

El deseo de aprender de los demás y la disposición a la autorreflexión son cualidades que nos definen como seres humanos, los medios a través de los cuales nos desarrollamos y somos más felices. ¿Qué sucede cuando perdemos o descuidamos estas habilidades? La horrible consecuencia sería lo que el budismo describe como el estado de ira. La palabra “ira” es probable que nos haga pensar en alguien perdiendo los nervios, enfurecido o furioso. Esta es una reacción natural y a veces necesaria en función de la situación en la que nos encontremos. Esta ira puede funcionar a menudo de forma positiva cuando está dirigida contra la injusticia o la irresponsabilidad, por ejemplo.

Existe una diferencia entre esto y el mundo obsesionado por el ego de la ira descrito en la teoría budista. Aquí la ira se refiere a uno de los diez “mundos” o condiciones de vida, que, según el concepto budista de los Diez Mundos, son inherentes a todas las personas. Los experimentamos en diferentes momentos, de diferentes maneras, dependiendo de nuestras respuestas a nuestras circunstancias y la fuerza o debilidad de nuestra motivación para mejorarnos a nosotros mismos. Estos son: infierno, hambre, animalidad, ira, humanidad, éxtasis, aprendizaje, comprensión intuitiva, bodisatva y Budeidad.

La principal característica del mundo de la ira es la envidia, del tipo en el que uno no puede tolerar pensar en que alguien pueda ser mejor que uno mismo en algún sentido. Es la ardiente necesidad de ser superior a los demás, la creencia de que uno es básicamente mejor que las demás personas.

artículo relacionado Buenos amigos Buenos amigos En el budismo, se considera de fundamental importancia los buenos amigos. Si uno yerra en escoger a los amigos, el camino correcto a seguir se torna indistinguible. En el camino de la fe, la relación con los buenos amigos permite a las personas ayudarse mutuamente a crecer en la fe y lograr la iluminación. Tal y como lo describe un texto budista: “Puesto que aquellos que están en el mundo de la ira desean ser siempre superiores a los demás y no pueden soportar ser inferiores a nadie, menosprecian y desprecian a otros y se ensalzan a sí mismos, al igual que un halcón que vuela alto y mira el mundo desde arriba. Al mismo tiempo, de cara al exterior, buscan mostrar las virtudes de la benevolencia, la justicia, la corrección, la sabiduría y la fidelidad”.

Nichiren, el fundador en el siglo XIII del budismo practicado por los miembros de la SGI, describe la ira como “perversidad”. Ello es debido a la gran distancia que existe entre el mundo interno y externo de alguien en el estado de ira. La intensa competitividad permanece enmascarada bajo un aspecto virtuoso y una conducta obsequiosa, diseñada para obtener el reconocimiento de otros, tan esencial para su sentido de superioridad. La agresividad de las personas en este estado desmiente su inseguridad. La arrogancia, el desprecio por los demás, su vena crítica y un potente, conflictivo o competitivo impulso, son aspectos del mundo de la ira que se manifiesta en nuestras vidas.

La clave para la transformación del mundo de la ira radica en el dominio de uno mismo, canalizando la energía que antes se había dirigido a ganar a otros para ganarse a uno mismo.

Cuando las personas en posiciones de poder y autoridad quedan atrapadas en las trampas de la ira, o cuando el mundo de la ira comienza a predominar en la sociedad, las consecuencias pueden ser catastróficas. Tal y como lo describe el presidente de la SGI, Daisaku Ikeda, para una persona en este estado, “todo parece un medio o una herramienta para el cumplimiento de sus deseos e impulsos egoístas. En proporción inversa a la escala de esta inflada arrogancia, la existencia de otros, sean personas, culturas, naturaleza, aparece como infinitamente pequeña e insignificante. Al trivializar a otros de este modo, dañar o incluso matar se convierte en un asunto sin ninguna importancia. Es esta concepción de las cosas la que permitiría el uso de armas nucleares (…) Las personas en semejante estado de vida están cegadas, no sólo ante el sufrimiento horrible que sus acciones provocan, sino ante la vida humana en sí misma”.

El movimiento de la SGI tiene como objetivo lograr una transformación en la sociedad a través de la transformación del corazón del individuo, basada en la comprensión de la dinámica del corazón humano y en la profunda interconexión del individuo, la sociedad y el cosmos mismo.

Mientras que cada persona se esfuerza por ser feliz, los erróneos esfuerzos de las personas sumidas en el mundo de la ira sólo los llevan a hundirse más profundamente en la miseria y en un sentido de aislamiento. Paradójicamente, sin embargo, el sentido de autoconciencia y autoestima característico del mundo de la ira es también una puerta abierta a empatizar con los demás. Un acusado sentido del ego puede ser una base para comprender lo importante y preciosa que es para cada persona su vida y compartir las dificultades que supone vivir felizmente en el mundo.

La clave para la transformación del mundo de la ira radica en el dominio de uno mismo, canalizando la energía que antes se había dirigido a ganar a otros para ganarse a uno mismo.

Esto comienza simplemente con la humildad de respetar y admirar aquello que es digno de alabanza en otros.

[Cortesía del número de octubre de 2010 de la revista SGI Quarterly]

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